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Entrevista

03/10/2003 - El Global
K. Leisinger: La ayuda integrada a los países pobres depende de la voluntad política

El presidente y CEO de la Fundación Novartis para el Desarrollo Sostenible, Klaus Leisinger, tiene claro cuál es el deber de la industria farmacéutica para ayudar a paliar las enfermedades que afectan a los países menos desarrollados: La aportación de la industria ha de ser los medicamentos, pero el problema abarca mucho más que eso. En este sentido, compara la ayuda que se debe prestar a las naciones más afectadas con una cadena que se puede quebrar por cualquiera de sus anillas.

En este sentido, Leisinger considera que los resultados válidos en este campo no son sólo los que se derivan de las acciones puntuales, (por ejemplo, en concepto de donaciones de medicamentos), sino, sobre todo, los que tienen un efecto prolongado en el tiempo. Esto no se puede conseguir sin un compromiso explícito de todos los agentes: la industria farmacéutica, las ONG, los gobiernos de los países afectados y las organizaciones internacionales y ello, continúa, depende directamente de la voluntad política.

Esta voluntad política, en opinión de Leisinger, ha de plasmarse, por un lado, en nuevos planteamientos económicos por parte de cada uno de los gobiernos de los países más afectados por este tipo de enfermedades y de los países desarrollados y, por otro, en un planteamiento de cooperación en la comunidad internacional.

¿Cómo puede Bangladesh exportar a Estados Unidos el diez por ciento del volumen de mercancias que exporta Francia y pagar cinco veces más en tarifas y aranceles?, se plantea Leisinger. En vez de permitir a los países del sur que consigan ingresos de acuerdo con sus recursos comerciales, se está protegiendo cada vez más las estructuras arancelarias de la naciones del norte, y esto cuesta al sur 500.000 millones de dólares al año. Paradójicamente, los países más avanzados les donan 50.000 millones de dólares en concepto de asistencia al desarrollo y se les transmite la idea de que deberían estar agradecidos por lo que se les da, apostilló.

Para realizar una acción efectiva, Leisinger señala que se ha de definir claramente cuál es el papel y la responsabilidad de cada uno de los agentes. En este sentido, considera que los gobiernos de los países en vías de desarrollo han de trazar prioridades para el destino de sus presupuestos, crear burocracias honestas y políticas coste-efectivas. Sólo si se cumplen estos requisitos, las ayudas que vienen de fuera se pueden utilizar de manera profesional, y si el país no tiene la capacidad adecuada los fondos de las ayudas se pierden, explica.

Respecto al papel de las ONG, Leisinger considera que éstas han de volcar sus esfuerzos en cubrir las carencias de infraestructura sanitaria de los países menos desarrollados, aportando profesionales y medios, y anima a que obtengan una mayor autonomía buscando recursos de otras fuentes, además de las puramente gubernamentales. Como ejemplo de la falta de infraestructuras, destaca la experiencia en la donación del tratamiento de Novartis para la malaria: Riamet (artemetero DCI) se dispensa con prescripción y no hay farmacéuticos ni médicos para ello. ¿Cómo nos vamos a asegurar de que las mujeres embarazadas lo toman de manera adecuada? ¿Cómo cerciorarse de que este medicamento se está administrando los días adecuados y no cuando la fiebre está desapareciendo, lo que genera resistencias?, apunta.

Responsabilidad social

De acuerdo con este experto en desarrollo sostenible, el deber de una compañía debe basarse en el concepto de responsabilidad social corporativa, lo que significa que las acciones sociales no han de limitarse únicamente a lo que determine la Ley. De una compañía como Novartis la sociedad espera que actúe correctamente incluso si legalmente tienen la oportunidad de evitarlo, señala Leisinger.
Para conseguir este objetivo, Novartis ha apostado por la puesta en marcha de diferentes proyectos piloto regionales que pretenden servir de experiencia y referencia en otros países. Esta es una obligación adicional que una compañía farmacéutica como Novartis ha de tener, explica.

Fruto de la experiencia de estas iniciativas, Leisinger destaca que en muchos casos es necesario un cambio de mentalidad a la hora de abordar las enfermedades. Se ha de olvidar la asistencia basada en el hospital. Hay que llevarla dentro de la comunidad e incluso dentro de las familias, subraya.
En el caso de la tuberculosis, explica que en el África subsahariana es necesario llevar a cabo estudios de observación y el seguimiento porque existen múltiples resistencias a los tratamientos para la tuberculosis.

A partir de la observación se ha demostrado que en la actualidad está muriendo el 40 por ciento de los pacientes de tuberculosis porque existe una gran barrera entre los enfermos y la atención que reciben. Si la atención se lleva cabo en la propias familias esta cifra se reduce al 20 por ciento de los pacientes. En este sentido, matiza que también hay que difundir el mensaje de que si se pretenden resultados efectivos se ha de dar el tiempo necesario: El próximo paso será analizar en este nivel por qué se produce este porcentaje de fallecimientos.

Aunque Leisinger se muestra partidario de que los países en vías de desarrollo profundicen en la investigación de medicamentos para tratar las enfermedades que más les afectan, reconoce que en el África subsahariana no hay capacidad ni infraestructura científica para ello.

Por ello, Leisinger propone que desde los institutos que sí la tienen, se recurra a los compuestos clasificados en los archivos de Novartis que no se están desarrollando y que están disponibles. Entre ellos puede haber compuestos de mucho valor y, de esta manera, se aprovecharía el trabajo ya realizado, destaca.

En esta línea, Leisinger explica que estos archivos están infrautilizados. Teniendo que en cuenta que esto mismo lo están haciendo las 15 mayores compañías farmacéuticas del mundo, con una explotación adecuada se podrían conseguir entre 15 y 20 productos al año para tratar estas enfermedades esenciales gracias al pipeline que ya posee la industria.

Nuevos retos para una Fundación de referencia

Klaus Leisinger ha dedicado toda su vida profesional a fomentar el desarrollo sostenible en los países en vías de desarrollo, y muchas veces desde las propias zonas afectadas. El también miembro de la Academia Europea de las Ciencias y de las Artes y asesor de varias organizaciones internacionales, tomó las riendas de la Fundación Novartis para el Desarrollo Sostenible desde el año pasado y cuenta que uno de sus empeños es coordinar los esfuerzos para que la industria farmacéutica esté cohesionada. Con este mensaje ha acudido en repetidas ocasiones a la IFPMA (Federación Internacional de Asociaciones de la Industria Farmacéutica). La prioridad es convertir a la industria en un bloque que tenga capacidad de tomar decisiones conjuntas en la ayuda al desarrollo de los países menos avanzados. Otro de sus objetivos prioritarios es atraer a otras empresas farmacéuticas para que puedan orientarse con las iniciativas que está llevando a cabo la Fundación que él preside, la cual considera una referencia en el sector tras casi un cuarto de siglo de andadura. De hecho, no duda en facilitar el plan estratégico de la fundación a quien lo solicite. Entre las acciones que está llevando a cabo esta Fundación, Leisinger destaca la creación del Instituto de Enfermedades Tropicales en Singapur, la aplicación de precios reducidos, diversas donaciones de medicamentos esenciales e iniciativas para el desarrollo que sean prolongadas en el tiempo. Entre estas últimas destaca los proyectos piloto para reforzar la independencia económica y social en Sri Lanka para pacientes con lepra; la rehabilitación y tratamiento de este tipo de enfermos en India; la mejora de infraestructuras y del acceso a los medicamentos para tratar la malaria en Tanzania, la ayuda psicológica y social para enfermos del VIH/sida en el África Subsahariana; la puesta en marcha de un sistema de seguro sanitario en Mali; y el desarrollo organizativo y de la comunidad en Brasil.

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