A medida
que los medicamentos suponen un mayor avance médico,
su presupuesto respecto al total de la partida sanitaria
se irá incrementando, destaca Peter Kielgast, quien
ha mantenido el cargo de presidente de la Federación
Farmacéutica Internacional (FIP en sus siglas en inglés)
durante los últimos cuatro años. Esta misma semana se
decide su sucesor, ya que el suyo no es un cargo reelegible.
P.- ¿Cuál es el papel del profesional farmacéutico
en el control del gasto en medicamentos?
R.- Hoy en día, los fármacos no suponen un alto porcentaje
de los costes sanitarios (alrededor del 10 por ciento
del total). Sin embargo, esta situación está cambiando
porque cada vez más el desarrollo médico proviene
de los avances en medicamentos. Por tanto, los costes
para traer un nuevo fármaco al mercado ya hoy son
astronómicos y, en consecuencia, la sociedad ha de
estar preparada para aceptar que los nuevos medicamentos
van a consumir un mayor porcentaje del presupuesto
sanitario, a pesar de los intentos de los políticos
de controlar esta partida. Sin embargo, este incremento
en el gasto en medicamentos desembocará en la reducción
de los costes de otras áreas de la Sanidad.
Por otra parte, para controlar el incremento del
gasto en medicamentos no es suficiente con la actividad
del farmacéutico, sino que se ha de crear una más
estrecha colaboración entre médicos, enfermeros y
farmacéuticos.
P.- ¿Cómo va a ser la labor del farmacéutico de
oficina de farmacia en el futuro?
R.- La del farmacéutico es una profesión que va a
tener un fuerte peso a medida que vaya incrementando
la importancia de su uso. Los médicos y los enfermeros
estarán formados para otros ámbitos y en pro de un
uso racional de los recursos en la sociedad, se empleará
el conocimiento del farmacéutico donde se necesita.
En otras palabras, los medicamentos van a jugar un
gran papel en la sociedad como reflejará el incremento
del porcentaje del gasto sanitario que represente,
lo que supondrá que los farmacéuticos tendrán un papel
cada vez más activo en la gestión médica.
P.- Esta semana se va a celebrar el Congreso Mundial
de la Federación Internacional Farmacéutica (FIP).
¿Cuáles son los principales objetivos de la misma?
R.- La meta principal del congreso este año es tratar
sobre seguridad de los medicamentos en los tratamientos
y en los sistemas sanitarios. Esta iniciativa está
inspirada en unos estudios realizados por el Instituto
Americano de Medicina, que señala que buena parte
de los errores médicos que más dinero cuestan a los
sistemas sanitarios están relacionados con el uso
incorrecto de los medicamentos. Precisamente porque
esta es una coactividad del profesional farmacéutico
lo hemos elegido como tema central.
P.- Entonces, ¿cuál es el papel del farmacéutico
dentro de este contexto?
R.- El farmacéutico de oficina de farmacia es el
profesional sanitario al que es más fácil acceder,
ya que al contrario que ocurre con médicos y enfermeras
el paciente puede contactar con ellos con sólo cruzar
la calle y sin cita previa. Por lo tanto, los farmacéuticos
comunitarios juegan un papel fundamental en el uso
correcto de los medicamentos.
P.- Uno de los principales retos de las farmacias
alrededor del mundo es llevar a cabo una atención
farmacéutica de calidad. En este sentido, ¿cree que
es posible armonizar estas prácticas internacionalmente?
R.- Existen, en efecto, unas recomendaciones de carácter
conceptual de la Organización Mundial de la Salud
(OMS), en cooperación con la Federación Farmacéutica
Internacional, de qué es una buena práctica farmacéutica
y de cómo se ha de transferir el conocimiento del
farmacéutico al paciente. Estas recomendaciones están
lejos de ser aplicadas de la misma manera en todo
el mundo, ya que mientras que los países desarrollados
aspiran a aplicar una atención farmacéutica adecuada,
los menos favorecidos han de trabajar en abastecer
necesidades básicas. Al menos, los gobiernos que forman
la OMS se han comprometido a aplicarlas. Por lo tanto,
ya existe un marco común para la armonización aunque
su aplicación efectiva va a ser un proceso muy largo.
P.- Otro de los temas que se van a tratar en el
Congreso de la FIP va a ser la equidad en el acceso
a los medicamentos en los países en vías de desarrollo.
¿Qué pueden aportar los farmacéuticos en este campo?
R.- Existen muchos factores que influyen a la hora
de hacer accesible un medicamento esencial a quien
lo necesita. No se puede reducir únicamente a un problema
de precios elevados. En efecto, se han de tener en
cuenta factores como la aplicación de un uso racional
del medicamento, especialmente cuando se trata de
los medicamentos más sofisticados y otros de carácter
estructural como la aplicación de un sistema fiable
de provisión de medicamentos en los países en vías
de desarrollo.
En este contexto, los farmacéuticos juegan un papel
básico a la hora de hacer accesibles los medicamentos
esenciales a los pacientes mediante su labor diaria,
pero si hablamos de conceptos como financiación sostenible,
acceso a medicamentos y precios adecuados, existen
elementos complejos que van más allá de lo que puede
hacer el farmacéutico. Estos elementos son competencia
de los gobiernos, que han de asumir su responsabilidad
para hacer accesibles los medicamentos a los ciudadanos
a unos precios y de una manera adecuados.
P.- La Alianza Mundial de Profesionales Sanitarios
(WHPA) es una iniciativa en la que la Federación Farmacéutica
Internacional participa y que pretende conseguir una
mayor seguridad del paciente en relación con los medicamentos.
¿Hasta qué punto están involucrados los farmacéuticos
en esta iniciativa?
R.- La organización a la que represento es una de
las fundadoras de esta Alianza junto con la Asociación
Médica Mundial y el Consejo Internacional de Enfermeros.
Todas ellas son organizaciones no gubernamentales
que trabajan en cooperación con la Organización Mundial
de la Salud y pretenden unificar la voz de los profesionales
de la salud mediante una actuación conjunta.
Con ello se pretende dejar de lado las diferencias
y polémicas sobre cuáles deben de ser los campos de
actuación de los distintos grupos de profesionales
sanitarios para centrarse en mejorar la actuación
de cara al paciente. Asimismo, en una segunda instancia,
pretendemos llevar esta iniciativa también al ámbito
nacional.
P.- ¿Hasta qué punto existen diferencias en los
diferentes países en el ámbito de la farmacia comunitaria
R.- En países como la India, donde existen alrededor
de 1.000 millones de habitantes, el número de farmacéuticos
es muy reducido para abastecer a esa cantidad de población.
Allí simplemente no existe atención farmacéutica.
En este país, la situación es totalmente opuesta a
la atención farmacéutica que se lleva a cabo en áreas
más desarrolladas como Europa Occidental o Norteamérica.
Lógicamente, no existen soluciones fáciles a corto
plazo para equiparar la actividad de estos profesionales
en los distintos países y para ello se requiere de
un plan global de provisión del sistema sanitario.
P.- España presume de disponer de uno de los sistemas
de farmacia del mundo más desarrollados y efectivos.
En su opinión, ¿cuál es el mejor modelo de farmacia?
R.- De un modo general, el mejor modelo es el que
juega un papel clave dentro del sistema sanitario.
Esto significa que en las farmacias trabajan personas
competentes que pueden trasladar su experiencia y
conocimientos a los pacientes y que , además, son
capaces de trabajar conjuntamente con otros profesionales
sanitarios en beneficio del paciente.
En un sistema donde a los farmacéuticos se les requiere
únicamente para centrarse en aspectos comerciales
no se cumple con la idea de aconsejar al paciente
sobre sus problemas concretos de salud. Esta situación
se da en el sistema de “tienda de medicamentos” (drugstore)
de Estados Unidos, donde la farmacia es sólo un local
donde se venden los medicamentos y cuya gestión no
está realizada por farmacéuticos.
Por ello, para tener un sistema óptimo de farmacia
no se han de tener en cuenta sólo los aspectos meramente
económicos sino plantearse realmente cuál es la función
de los profesionales farmacéuticos dentro del sistema
sanitario.
P.- ¿Cree que los farmacéuticos de oficina de
farmacia son considerados profesionales sanitarios
en todo el mundo?
R.- Yo diría que en general sí, pero la autoestima
de estos profesionales, al igual que la percepción
general de la población sobre su labor, varía considerablemente
de un país a otro dependiendo de sus características.
En un país superpoblado como puede ser el caso de
la India, en el que los muchos pacientes nunca han
visto a un farmacéutico, no se puede plantear el estatus
sanitario de estos profesionales. Sin embargo, en
otras naciones como puede ser España, donde los farmacéuticos
son fácilmente accesibles en sus establecimientos,
esta profesión ha alcanzado un alto grado de respeto
y credibilidad en la sociedad.
Por suerte, existe un buen número de países donde
a los farmacéuticos se les reconoce por su labor y
sus habilidades y no sólo como dispensadores de medicamentos.
P.- En cuanto a la venta de medicamentos a través
de Internet, mediante farmacias on-line, es cada vez
más común y algunos países como Alemania han tomado
iniciativas políticas para hacer estas prácticas legales.
¿Cuál es la posición de Federación Farmacéutica Internacional
de ante estas iniciativas?
R.- Para nosotros lo primero que se ha de garantizar
en la venta de medicamentos es la seguridad. En este
sentido, si una sociedad, a través de sus representantes
políticos, permite varios sistemas paralelos de distribución
de medicamentos aparte del tradicional de la venta
en farmacias, nuestra única misión es la de hacer
que sean seguros.
En general, se ha demostrado que en la actualidad
la Red no es un sitio seguro para la venta de medicamentos,
pero sí hay casos en los que puede llegar a serlo.
En este sentido, sería hipócrita que me pusiera en
contra de estas prácticas porque mi propia farmacia
realiza esta actividad, pero yo garantizo de manera
efectiva la misma seguridad que si el paciente acude
a mi negocio.
Inevitablemente, la tecnología va a traer éste y
otros cambios en el sistema sanitario en general y
en las farmacias en concreto, y si no nos adaptamos
a esos cambios los farmacéuticos y las oficinas de
farmacia estamos en peligro de no seguir subsistiendo.