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Entrevista |
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11/06/2007 - El Global
José Mª Martín Moreno: Nunca insistiremos bastante en señalar que la I+D necesita más apoyos.
P. ¿Cómo ve la evolución del sistema sanitario valenciano?
R. Globalmente es positiva, aunque con desarrollos heterogéneos. Hay avances espectaculares en aspectos como sistemas de información o infraestructura tecnológica, pero quedan retos pendientes. Cuando así opino, abogo por el espíritu crítico constructivo de mejora, en lugar de la autocomplacencia.
P. La financiación sanitaria es un quebradero habitual de las CC.AA. ¿Qué soluciones ofrece? ¿Está el copago entre ellas?
R. La financiación básica debe calcularse para soportar una cartera de servicios definida no sólo en términos de prestaciones, sino también de calidad. Yo pienso que puede estar absolutamente justificado el incremento de la participación del gasto sanitario en términos de PIB, de modo que España se siga aproximando a la media de los países de nuestro entorno. Pero este incremento ha de hacerse de forma sostenible, con solidaridad interterritorial y equidad. En materia de financiación sanitaria, no cabe hacer un planteamiento simplista de suficiencia meramente estática. Es preocupante que en España esté aún pendiente el desarrollo apropiado del Fondo de Cohesión. Esto afecta de forma especial a poblaciones como la Comunidad Valenciana. En cuanto al copago, es un tema casi tabú hoy día. Si se llegara a incorporar no tendría que responder a objetivos de recaudación, sino más bien de regulación de la demanda respetando escrupulosamente el principio de equidad. Estoy con los que piensan que su potencial aceptación social dependerá en gran parte de las mejoras en transparencia y eficiencia.
P. Cada mes, la región suele situarse en la parte alta de las comunidades que más han incrementado su gasto en farmacia. ¿A qué se debe y cuál es la solución?
R. Focalizar el problema de la financiación sanitaria en el gasto en farmacia constituye una aproximación parcial. Hay que estudiar el sistema en su conjunto. Las cifras relativamente altas de gasto farmacéutico hay que situarlas en el contexto de un bajo gasto global sanitario como porcentaje del PIB. Y además, necesitamos la colaboración de la industria farmacéutica. Para que se produzca la innovación hay que asegurar un marco estable y transparente que permita una adecuada investigación y desarrollo en medicamentos. En ese sentido, y respecto a la relación con la industria, en mi opinión siempre es positivo el diálogo, las reglas de juego explícitas y la negociación para cooperar en la sostenibilidad de la sanidad. Dicho esto, siempre hay medidas que pueden tomarse para racionalizar (que no racionar) el gasto, tales como la evaluación económica con sólida metodología para la fijación de precios, el análisis riguroso de los costes derivados del uso ineficiente de fármacos y tecnologías, el establecimiento de un posible plan para la calidad en el uso de los medicamentos, la potenciación de la AP, la educación sanitaria o una formación continuada de los profesionales más centrada en problemas clínicos que en fármacos.
P. ¿Cómo ha evolucionado la política de I+D en la Comunidad Valenciana? ¿Qué medidas pueden hacer del sistema valenciano un referente en materia de investigación biomédica?
R. Las medidas que muchos proponemos se basan en cuidar el tejido investigador. Éste se forja con adecuadas sinergias, marcos transparentes, recursos adecuados y un marco legislativo estable. Nunca insistiremos suficiente en señalar que la investigación necesita de mayor apoyo. En este sentido, tenemos grandes expectativas puestas en la Ley de Fomento de la Investigación Sanitaria y Biomédica anunciada para esta legislatura por Francisco Camps y Rafael Blasco. Además de esta norma, que compatibilizará la investigación con el trabajo en los hospitales, la comunidad contará con una Agencia de Investigación Sanitaria y de Biomedicina para potenciar la labor de los científicos. Mientras cristaliza su desarrollo práctico, hay que seguir trabajando para hacer todo ese nuevo escenario posible.
P. La sanidad se llevó gran parte del presupuesto autonómico para 2007… ¿Gastar más o mejor?
R. Las tensiones alcistas del gasto sanitario son estructurales y dinámicas. Y nunca tendremos suficientes recursos para todo lo que querríamos. Precisamente por eso hay que gastar mejor. Sin olvidar que no toda la financiación tiene que ser pública. La filosofía del SNS es irrenunciable, pero hay un espacio, que crece con el nivel económico de las familias, para la financiación privada, para mejorar la eficiencia del gasto, haciendo que los pacientes sean conscientes de los recursos que consumen.
P. La salud es muy importante. ¿No debería despolitizarse?
R. No seré yo el que desprecie la importancia del debate político. Pero hay que diferenciar la política con mayúsculas de la otra. Si por política entendemos el arte de hacer posible lo necesario, en realidad necesitamos promover una sociedad que sea más política. Lo criticable es lo que entendemos como uso de arma arrojadiza para descalificar al contrario con argumentos demagógicos que ignoran la complejidad del reto analizado. Desde esa perspectiva, sí habría que despolitizar el debate, porque la sanidad es un importante factor de progreso.
P. ¿Qué experiencias internacionales podrían ser aplicadas a la sanidad valenciana?
R. Como ejemplo, citaría estrategias en países nórdicos de integración de las personas discapacitadas y de atención a personas dependientes… Pero también podemos ofrecer referencias útiles para otros países, por ejemplo toda nuestra experiencia en donación de trasplantes y órganos. En esa "fertilización cruzada" de conocimiento, merece la pena destacar el papel que pueden jugar instituciones como la OMS o el propio Observatorio Europeo de Sistemas y Políticas Sanitarias.
P. El paciente es el eje del sistema, pero ¿qué relevancia debe tener el médico?
R. Creo plenamente que el ciudadano ha de ser el protagonista, pero también en la idea de hacer de los médicos el principal activo del sistema. Es para ello esencial valorar el nivel de responsabilidad y disponer de una formación continuada impartida por el propio sistema y evaluada. Los profesionales han de tener un ambiente en el que se sientan reconocidos, lo que favorecerá a su vez que se sientan corresponsables del sistema, implicándose en la gestión de cara a una mejor sanidad.
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