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Entrevista

31/10/2002 - El Global
Félix Lobo: "Hay que equilibrar la diversidad y coordinación entre CC.AA. para evitar la fragmentación."

Félix Lobo es doctor en Economía por la Universidad Complutense de Madrid y licenciado en Derecho por la misma universidad. Su trabajo se ha centrado en el área de economía de la salud. Es autor de artículos científicos, como el titulado Global Budgets and Excess Demand (junto a Feldman, Roger), publicado en Health Economics; libros como Medicamentos: política y economía (Barcelona: Masson-SG, 1992) y también es coautor de varios trabajos conjuntos sobre la materia.

El nuevo escenario surgido en la Sanidad a raíz de las transferencias sanitarias se ha convertido en el tema del año para el sector farmacéutico. Así lo considera Félix Lobo, catedrático de Economía y director del curso Medicamentos y comunidades autónomas, que tendrá lugar en Santander del 16 al 18 de septiembre. Lobo apuntó a EL GLOBAL que existe un peligro real de fragmentación, y que para evitarlo hay que alcanzar un equilibrio entre diversidad y coordinación.

P. El titulo del curso que dirigirá en Santander es Medicamentos y comunidades autónomas. ¿Cuáles son sus objetivos?

R. El interés del encuentro está en tratar una cuestión de gran trascendencia que está de absoluta actualidad. Las comunidades y las transferencias es el tema del año del sector farmacéutico.

P. ¿Cuáles serían entonces los principales retos a los que se enfrenta el sector?

R. La industria farmacéutica está muy regulada, le importa muchísimo lo que ocurra en la Administración y lo que ésta decida. En este momento, su principal reto es que antes tenía un interlocutor muy bien definido y con una entidad concreta, y ahora va a tener tantos como comunidades autónomas hay para muchos temas, aunque no para todos. Para otros, tanto por legislación como por motivos de conveniencia u oportunidad, seguirá habiendo competencias que seguirán estando en manos del Gobierno.

P. ¿Qué repercusiones económicas pueden traer las transferencias a la industria?

R. El peso económico del cambio puede ser muy importante. Es posible que haya planteamientos de distintas condiciones económicas en las diferentes comunidades y sobre cuestiones que hoy día están muy de actualidad, por ejemplo para delimitar la utilización de determinados fármacos, como está ocurriendo con el visado de inspección a algunos de ellos en algunas autonomías.

P. ¿Qué ventajas tiene, en su opinión, la descentralización?

R. Todos reconocen que la Constitución de 1978, con el establecimiento de las autonomías ha cambiado el país, y que fue un proceso extraordinariamente positivo. Desde fuera también se ve con enorme interés, como un ejemplo histórico de un país muy centralizado que ha pasado a ser bastante descentralizado. La razón fundamental que se esgrime a favor de la descentralización es que la Administración está más próxima al ciudadano. Ahora no aprobaríamos, por ejemplo, que desde lo que era la sede del Insalud, en Alcalá 56, se decidiera un concurso de auxiliares de clínica en Lugo, como pasaba antes. Parece impensable. Eso es una gran ventaja.

P. ¿Y los inconvenientes?

R. Podríamos tener un problema de fragmentación del mercado, como podían ser decisiones contradictorias o no coordinadas. Sin embargo, hay que acostumbrarse y pensar que la Constitución otorga, en materia de Sanidad, gran peso a las comunidades. Que haya una cierta diversidad no es malo. De hecho, ya existía con las autonomías que recibieron sus transferencias hace años y lo que era el territorio Insalud.

P. ¿Hasta qué punto es un peligro real la posible fragmentación del mercado? ¿Cuál podría ser el impacto de la situación?

R. Es un peligro real, pero las propias comunidades tienen un interés creciente en la coordinación. En estos poquísimos meses ya ha habido intentos muy importantes. Algunas comunidades han llegado a acuerdos en determinados temas y se están consultando mutuamente. Pero el Ministerio tiene que ejercer también un liderazgo para mantener una unidad razonable en el mercado sin perjuicio de la capacidad que tengan las distintas comunidades.

P. ¿Puede disminuir la capacidad de inversión en I+D de la industria?

R. No forzosamente. Quizá ocurra al contrario, porque ahora las comunidades van a tener mucho interés en que las inversiones se realicen en su territorio. Puede darse un fenómeno de competencia entre las comunidades por atraer inversiones y hacer que las condiciones sean más favorables o atractivas para la industria.

P. Otro de los problemas de la descentralización puede ser que existan 17 criterios farmacoeconómicos diferentes a la hora de evaluar los medicamentos innovadores. ¿Cree que esta situación aumentaría las desigualdades?

R. Tenemos que acostumbrarnos a que haya diversidad entre comunidades autónomas. Lo que hay que hacer es mantenerlo dentro de unos límites razonables y que no llegue a la fragmentación del mercado. Puede haber criterios diferentes, como de hecho los ha habido, pero también va a ser importante mejorar la coordinación. Ahí el Consejo Interterritorial va a tener un papel muy importante. Las comunidades tienen razón cuando piden participación en estas grandes decisiones. ¿Por qué no establecer en el seno del Consejo Interterritorial mecanismos o comisiones especializadas que traten estos problemas? Creo que sería razonable.

P. ¿Hay que unificar criterios?

R. En algunos aspectos sí. Sobre todo en lo referido a gestión de la prestación, las comunidades tienen mucho que decir. Habría que alcanzar un equilibrio entre diversidad y coordinación.

P. Varios expertos han situado la farmacoeconomía en España entre los últimos lugares de la Unión Europea. ¿Qué opina?

R. No creo que estemos tan mal situados. La evaluación económica de medicamentos en España ha dado avances importantes. Tenemos buenos expertos. No sé con qué criterios se ha hecho esta ubicación. Otra cosa es que todavía los estudios de evaluación económica no sean exigidos por las administraciones públicas en el momento de tomar decisiones. Creo que esto llegará y que será un factor a tener en cuenta.

P. ¿Qué habría que mejorar?

R. Algo muy importante es la información. En España no es tan transparente como debería ser. Muchas veces existe, pero se ponen trabas a su uso, y es absurdo. Sigue siendo cierto que para determinados estudios es más fácil hacerlos con referencia a EE.UU., que tienen sus datos en la web. Aquí conseguir la base de datos puede ser casi imposible.

P. En Italia se está estudiando que las regiones pueden establecer copagos para ciertos grupos de medicamentos. ¿Cree que ésto podría suceder en España?

R. Sí, podría. En España es un tema con mucha carga política y cuando la Comisión Abril lanzó su informe, el único aspecto que salió en los medios de comunicación fue éste. No obstante, aunque el copago se considera negativo en muchas esferas, habría que prestarle más consideración, teniendo en cuenta que es un tema complejo, en el que también se generan costes administrativos. Si queremos afinar en términos de equidad, y que las personas o las CC.AA. con menor renta paguen menos, sería muy costoso.

P. ¿Hay otras fórmulas?

R. Si. Irlanda tiene un sistema de franquicia aplicado al medicamento, donde hay una cantidad determinada hasta la cual el asegurado se hace cargo del gasto. A partir de esa cantidad entra en funcionamiento el seguro público. Esto puede ser una idea interesante a combinar con otras, como establecer reembolsos ante los casos de enfermedades crónicas, copagos, etc.

Pero desde mi perspectiva, el problema no es entre copago sí o no, sino en cómo establecer los incentivos adecuadamente. El debate a veces es maniqueo, por lo que hay que matizar un poco más, sabiendo que es una cuestión compleja y con la que difícilmente llegaremos a estar satisfechos.

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